Dejemos de evadir los censos de derecho III – Final

por Byron Villacís

Los censos no existen para robotizar sociedades. Los censos no existen para extraer bases de datos. Los censos no existen para operar algoritmos. Los censos no existen para vanagloriar institucionalismos. Los censos no existen para probar tecnologías. Los censos no existen para experimentar. Los censos son ejercicios político-sociales de identidad social, cuyo objetivo primordial es contar a la población y saber cómo se encuentra. Los censos sirven para responder preguntas concretas: ¿Cuántos somos? ¿Estamos más viejos? ¿Más unidos? ¿Más dispersos? ¿Vivimos más? ¿Mejor? ¿Todos? ¿Quién?

Abogo por mejorar la metodología de los censos. Esto implica hacer censos de derecho y dejar de hacer censos de hecho. Los censos de derecho son más difíciles, más complejos y requieren un momentum institucional difícil de encontrar. Pero es hacia allá donde deben caminar nuestros países. Un proceso de modernización (no en el sentido desarrollista de los 80s y 90s) implica tomar decisiones difíciles pero posibles: enfrentar retos y adecuar las instituciones. La otra opción es repetir la historia o mantras comunes que sabemos son promesas imposibles. Voy a ser más claro: no es cierto que nuestros países puedan hacer censos –enteramente– en base a registros administrativos. No es cierto que “estos sean los últimos censos porque ya vienen los censos en base a registros administrativos”. Eso es falso y no hace falta esperar 10 años para saber que nunca fue cierto. Nuestros países están demasiado lejos de tener un sistema de registro de población que permita reemplazar los beneficios de un censo. Y aún así si lo tuviera, no reemplaza la información que recoge un operativo censal, sobre todo de derecho. Enfrentar –honestamente– esta realidad no implica pensar que los registros administrativos no son importantes: hay que fortalecerlos. Pero esto tampoco implica que se deba descuidar la decisión más importante que deben enfrentar nuestros sistemas estadísticos: si queremos poblaciones que accedan y ejerzan a deberes y derechos entonces necesitamos censos de derecho.

La última ronda censal, en términos regionales, no fue exitosa. Varios países tuvieron serios problemas para ejecutar los operativos y ésto es una señal concreta de que los diseños institucionales ya no son funcionales a las necesidades actuales. Algo esta pasando y cualquier manual básico de administración (pública o privada) es esencialmente claro en lo básico: si algo no está funcionando, no repita el proceso. De nuevo, hay una salida fácil: repetir el pasado y hacer como que nada ha pasado. Sin embargo hay un fantasma que materializa enseñanzas en la región: ¿Qué evitará coberturas tan bajas en algunos países? ¿Qué evitará poblaciones imprecisas a nivel subregional? ¿Qué evitará planificaciones inadecuadas fruto del desentendimiento de poblaciones residentes versus poblaciones flotantes? Por supuesto, hay salidas medianamente fáciles: mejorar los métodos de proyección, invertir en estadística probabilística y pretender que todo está bien. Eso no es responsable. Si no se mejora la estadística de base, por más elegantes que sean nuestros métodos, no podremos planificar sensatamente. La deducción, por más avanzada que parezca, requiere de robustas dosis de materialidad. En otras palabras: por más lindo que nos quede el Power Point, si no tenemos buenas estadísticas de base los resultados serán una entretenida fantasía.

Hay un pretexto más estudiado: el costo. Aún si sobrepasamos los nudos gordianos que implican hacer comparaciones entre países, la realidad es obvia: los censos cuestan (deberían) cada vez menos y eso es gracias a la innovación. El gráfico a continuación muestra dos insumos informativos: la tendencia antes de los censos del 2010 y el costo del censo de Ecuador en el 2010. Si esta tendencia se respeta y se administra transparentemente, los costos no deberían implicar sobresaltos. Entonces, hay un aliado: la tecnología. Una tecnología bien entendida, que no robotice, pero que se transforme en eficiencia. Allí está claramente un punto de partida.

Estas ideas no obvian lo indiscutible: la región atravesará un período políticamente deprimente donde lo público será aún más denostado y cada centavo será cuestionado. No tardarán en llegar las absurdas ideas de privatizar la estadística pública, de dejar de investigar problemáticas sociales o de denostar el invisible pero esencial trabajo estadístico. Enfrentar esta realidad implica, antes que nada, honestidad y la comprensión de las fuentes más estables de legitimidad institucional. Esta no viene dada por esfuerzos forzados, por campañas auto referenciales o por (más grave aún) silencios convenientes. Latinoamérica tiene que enfrentar el momento estadístico más delicado que está por llegar: una potencial desinversión acompañada de campañas de deslegitimización.

¿Quién estará más preparado?¿ El que repite el mismo guión o el que demuestra que las instituciones están dispuestas a evolucionar de acuerdo a lo que demanda su sociedad?

Referencias:

Muñoz Ayala (2013), Determinantes del Uso de Tecnología en los Censos de Población de América Latina y el Caribe, Grupo Estadístico IFD/ICS, BID

Memorias Censo de Población 2010 (2012). Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Quito – Ecuador.

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